Usted defiende ante todo que el derecho a la educación es mucho más que el derecho a la escuela. ¿En qué consiste básicamente la diferencia?Rosa María Torres
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Quito, 26 de septiembre, 2006
¿Qué se entiende por calidad en la educación? La educación de calidad como aquella que "asegura a todos los jóvenes la adquisición de los conocimientos, capacidades destrezas y actitudes necesarias para equipararles para la vida adulta".
Usted defiende ante todo que el derecho a la educación es mucho más que el derecho a la escuela. ¿En qué consiste básicamente la diferencia?La reforma del sistema escolar es una tarea compleja que supone proyectos de ley, diseños de política pública, estudios comparados, la aplicación de programas y medidas y su continua evaluación, pero además, y sobre todo, deliberación ciudadana.
Los sistemas educativos necesitan concitar la adhesión de quienes participan directa o indirectamente en ellos. Y esa adhesión que los clásicos llamaban legitimidad sólo se alcanza cuando la reflexión técnica está acompañada del diálogo y la negociación propios del proceso político.
Por Alex Véliz Burgos, psicólogo, Mg. en Psicología, Académico Universidad Arturo Prat.
Durante estos últimos días, hemos observado por televisión cómo se discuten las alternativas para una nueva reforma legislativa que entregue una mayor posibilidad de mejorar la calidad de la educación y por lo tanto disminuir las brechas sociales existentes entre nuestra población. Se han formado comisiones de expertos y representantes de diversos estamentos del mundo social y educacional.
Sin embargo, no debe dejarse de lado en esta discusión nacional, el rol fundamental que le cabe a la familia y especialmente a los padres, en el proceso de educación tanto formal como social que se da en el país.
La familia tiene el privilegio de entregar las primeras pautas respecto a cómo nos debemos relacionar con el mundo, que debemos hacer, pensar y hasta sentir. Recibimos en ella un conjunto de valores que luego vamos profundizando o modificando en el transcurso de nuestras vidas, especialmente cuando ingresamos al sistema escolar en cada una de sus instancias (preescolar, básica, media y educación superior).
Esto significa que gran parte de lo que hacemos tiene relación con los valores y pautas entregados en lo que llamaremos la educación refleja. Donde la familia se constituye en actor principal, pues aprendemos en este ambiente protegido muchos de los símbolos y significados que utilizaremos en nuestro quehacer diario en el presente y en el futuro.
Por lo tanto, cualquier cambio en el sistema educativo a cualquier nivel, debe considerar a la familia, pero no a un solo tipo de familia, sino que se debe respetar la diversidad de familias que existen en nuestro país, cada una aportando a los procesos de crecimiento y de cambio social.
Se debe integrar a los padres en los procesos de enseñanza-aprendizaje, a fin de que ellos fortalezcan estos procesos y por lo tanto, se transformen en mediadores efectivos para que sus hijos logren aprendizajes significativos. Cuando los padres se involucran y apoyan a la escuela, y por lo tanto a sus hijos, esto se transforma en un elemento positivo que fortalece el aprendizaje de los niños y niñas, aumenta la motivación y contribuye a que se puedan emprender los desafíos del desarrollo con mayor tolerancia.
Resulta pues fundamental, que los padres se involucren en la educación de sus hijos, participando en los procesos de discusión respecto a la visión de país que se quiere tener, pues cuando recibimos educación formal, estamos siendo parte de la visión de país que queremos tanto en el presente como a mediano y largo plazo.
La finalidad de un matrimonio y de una familia, es, por un lado, la felicidad de los propios cónyuges y su crecimiento humano y espiritual juntos, y por otro lado, la procreación y educación de los hijos. No puede admitirse un matrimonio en que sólo se buscara la primera finalidad sin buscar la segunda. Estaría faltando a una obligación seria y responsable de ese matrimonio en el seno de la sociedad. Por lo menos en condiciones y situaciones normales.
Es pues, un deber serio de los padres el saber dedicar parte de su tiempo y su actividad a la atención y cuidado de sus hijos, tanto en plano material y biológico, como en el plano intelectual y espiritual. Un descuido en este sentido implica una falta grave en el cumplimiento de sus obligaciones de padre o de madre.
¿Creen ustedes que esto se cumple siempre? Pongan algunos ejemplos que conozcan y den su apreciación.
Los padres son los educadores natos y primeros de sus hijos. Ellos pueden delegar una parte de esa educación en maestros o educadores escogidos por ellos, pero no en personas que pretendan inculcarles a sus hijos principios opuestos a los de los padres, o que impidan de alguna manera el contacto necesario entre padres e hijos, para que pueda darse la relación educativa entre ellos.
Por eso, debe cuidarse que los hijos estén lo suficientemente cerca de la casa familiar, y que los períodos de alejamiento por permanencia en la escuela u otras actividades no sean demasiado frecuentes ni prolongados.
Los padres deben velar continuamente sobre todas las actividades de sus hijos y acompañarles en lo posible en las mismas. Deben atender de modo especial a sus modos de recreación o diversión, a los programas de radio o TV o las películas a que tienen acceso, porque pudieran ser dañinas para ellos. Y observar bien sus compañías y amistades por la misma razón.
La educación es obra de amor. Si los padres dan amor a sus hijos, éstos percibirán ese amor y devolverán amor. De igual manera, los padres deben dar a sus hijos el ejemplo de una vida de amor entre ellos dos y reservar sus discusiones para momentos y lugares en que no estén los hijos presentes. Los hijos deben ser criados en un ambiente de paz y felicidad. Los padres deben preocuparse de que ese ambiente se preserve siempre en su hogar.
Entre los principales factores que influyen en la calidad de la educación se destacan los siguientes:
1.- Bajos niveles socio, económicos y culturales de la mayoría de la población Chilena.
2.- Inexistencia de una política educativa de estado.
3.- Reformas educativas inconclusas.
4.-Insuficiente asignación presupuestaria.
5.-Falta de un coherente sistema de capacitación actualización y perfeccionamiento profesional del docente.
6.-Sistemas pedagógicos tradicionales.
7.- Sueldos bajos al magisterio nacional que no permiten una entrega motivada y eficiente a su labor docente.
8.-Falta de infraestructura, equipamiento e implementación tecnológica en el sistema educativo nacional.
9. Medios de comunicación y su influencia en la educación propuesta.
Las transformaciones globales del orden internacional y el avance del reordenamiento de las economías mundiales en torno al valor de la tecnología han puesto en el ojo de la mira a los sistemas educativos. En ellos recae la responsabilidad de generar y difundir el conocimiento en la sociedad y por lo tanto, se instituyen en la instancia decisiva que está a la base de la carrera tecnológica (es decir, de las posibilidades económicas futuras de la sociedad).
Esta realidad, que marca la demanda que hoy se hace a la educación, contrasta con otra realidad bastante conocida; hoy, por tal y como están, los sistemas educativos no pueden salir airosos frente a este desafío.
Bastantes diagnósticos han demostrado empíricamente los problemas de burocratización de la administración, de rutinización de las prácticas escolares, de obsolescencias de los contenidos curriculares, de ineficiencia de los resultados finales.
La expansión sufrida por los sistemas educativos a partir de la segunda guerra mundial, sobreimpuesta a un modelo de gestión pensado para otras ocasiones la diversificación de clientelas orientadas en la incorporación de seres sociales con bases culturales diferentes, y las restricciones materiales acompañaron los procesos de endeudamiento y ajuste han hecho no personales tanto los objetivos como los modelos de gestión y administración originales. Es decir que el crecimiento y la expansión educativa no presentan a la visión política sólo un problema de escuela (pongamos más profesores o maestros, más escuelas, más aulas), sino que plantea desafíos cualitativos que hacen volver a pensar hacia dónde ir y cómo debe organizarse y conducirse una escuela, un grupo de escuelas, un sistema educativo.
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Durante estos últimos días, hemos observado por televisión cómo se discuten las alternativas para una nueva reforma legislativa que entregue una mayor posibilidad de mejorar la calidad de la educación y por lo tanto disminuir las brechas sociales existentes entre nuestra población. Se han formado comisiones de expertos y representantes de diversos estamentos del mundo social y educacional.
Sin embargo, no debe dejarse de lado en esta discusión nacional, el rol fundamental que le cabe a la familia y especialmente a los padres, en el proceso de educación tanto formal como social que se da en el país.
La familia tiene el privilegio de entregar las primeras pautas respecto a cómo nos debemos relacionar con el mundo, que debemos hacer, pensar y hasta sentir. Recibimos en ella un conjunto de valores que luego vamos profundizando o modificando en el transcurso de nuestras vidas, especialmente cuando ingresamos al sistema escolar en cada una de sus instancias pero ¿dónde están las familias, los padres? ¿qué pasa con ellos?, ¿Dónde están?...
Esto significa que gran parte de lo que hacemos tiene relación con los valores y pautas entregados en lo que llamaremos la educación refleja. Donde la familia se constituye en actor principal, pues aprendemos en este ambiente protegido muchos de los símbolos y significados que utilizaremos en nuestro quehacer diario en el presente y en el futuro.
Por lo tanto, cualquier cambio en el sistema educativo a cualquier nivel, debe considerar a la familia, pero no a un solo tipo de familia, sino que se debe respetar la diversidad de familias que existen en nuestro país,incluír a todas las calses sociales ya que cada una aporta a los procesos de crecimiento y de cambio social.
Se debe integrar a los padres en los procesos de enseñanza-aprendizaje, a fin de que ellos fortalezcan estos procesos y por lo tanto, se transformen en mediadores efectivos para que sus hijos logren aprendizajes significativos. Cuando los padres se involucran y apoyan a la escuela, y por lo tanto a sus hijos, esto se transforma en un elemento positivo que fortalece el aprendizaje de los niños y niñas, aumenta la motivación y contribuye a que se puedan emprender los desafíos del desarrollo con mayor tolerancia.
Resulta pues fundamental, que los padres se involucren en la educación de sus hijos, participando en los procesos de discusión respecto a la visión de país que se quiere tener, pues cuando recibimos educación formal, estamos siendo parte de la visión de país que queremos tanto en el presente como a mediano y largo plazo.